La investigación por casos de corrupción durante el kirchnerismo, a raíz de los “cuadernos de las coimas”, está generando una serie de cambios no solo en la política nacional. Las empresas tomaron nota del problema y comienzan a tomar medidas, como cuenta la siguiente nota de La Nación con la participación de nuestro speaker Carlos Rozen.

“A partir del escándalo de «los cuadernos de las coimas» se multiplicaron las consultas -«y la preocupación»- por las exigencias y las derivaciones de la ley 27.401 de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas, para combatir la corrupción.

La norma (que rige desde el 1° de marzo pasado) no se aplica de manera retroactiva, pero para participar de nuevas licitaciones y contrataciones con el Estado, las empresas deben cumplir con aspectos como contar con un «programa de integridad» o «compliance».

El presidente de la Asociación Argentina de Ética y Compliance y director Certificación Internacional en Ética y Compliance, Carlos Rozen, es terminante ante LA NACION: «Hay indicadores muy claros de cómo el escándalo impactó; las empresas tienen la impresión de que las balas les pican cerca y hay una toma de conciencia de golpe. El pensamiento es ‘qué hubiera pasado en mi compañía con o sin programa'».

Plantea que desde la semana posterior a «los cuadernos de las coimas» aumentó la cantidad de consultas a la Asociación y a las consultoras, se multiplicaron las reuniones y las propuestas confirmadas. En el programa de certificación se pasó de 40 alumnos dos veces por año, a 100 en la edición en curso y con gente en espera.

Rozen enfatiza que todas las empresas deberían contar con un programa «formulado sobre la base de riesgos, su tamaño y con los recursos con los que cuenta».

Advierte que hasta antes del escándalo el compliance era una «especie de entelequia que se veía muy relacionada con lo jurídico, con firmas que estaban en la Bolsa o tenían una casa matriz afuera; ahora están pensado en una realidad diferente; es un dispositivo para modelar el comportamiento»…”.

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