Takehiro Ohno, Tomás Kalika y Christophe Krywonis son tres cocineros muy exitosos, fundadores de restaurantes y con experiencia internacional. Ohno y Krywonis condujeron varios programas en El Gourmet, y Kalika fundó Mishiguene, un restaurante de alta comida judía.  Sin embargo para llegar al lugar en el que están hoy, tuvieron que atravesar un largo camino.

En el escenario de OOPS! Otra Oportunidad para Superarse, pasaron estos tres cocineros que contaron cómo descubrieron su vocación por la cocina y, a lo largo de su carrera, enfrentaron y aprendieron a convivir con el fracaso.

Takehiro Ohno nació hace 50 años en Japón, hace 25 se fue de Japón, y hace cinco años llegó por segunda vez a Argentina. Según el mismo cuenta, viene de una familia de samurais: “Mi tatarabuelo era samurai, y el lema de mi familia es Respeto, humildad y honor, así que desde muy chico aprendí que esas tres cosas son muy importantes”.

La vocación por la cocina empezó a los siete años, y a partir de ahí Takehiro se preparó para ser el mejor chef. Estudió nutrición química y entró a una de las escuelas más importantes de cocina en Japón: “En esa escuela tuve un profesor que se especializaba en cocina vasco española, y para mí fue muy emocionante ver la pasión que tenía por la cocina”. Sin embargo, ese profesor, que era un referente para Takehiro, le dijo que no tenía talento para la cocina. “El talento al que él se refería era la agilidad. Yo soy grandote y bruto, por eso me dijo que no tenía ese talento. Pero como no tengo talento, trabajo el doble, me dedico más tiempo”.

Un tiempo después, Takehiro viajó a San Sebastián para hacer una pasantía en el restaurante Zuberoa: “Estuve dos años cortando cebollas, limpiando platos, pero era el mejor restaurante del País Vasco, con dos estrellas Michelín, y fue elegido el mejor de España y uno de los diez mejores del mundo, así que aprendí mucho”. Como no le pagaban, Takehiro tenía que cantar en las calles para conseguir plata para comer.

Con esa experiencia, en 1999 abrió un restaurante de sushi en Argentina. Sin embargo, entendió que los negocios no eran lo suyo y por eso volvió a Japón, a pedirle consejos a su padre, que administraba hoteles. Él me dió tres consejos: darse cuenta de los errores y corregirlos rápido, cumplir con las proyecciones si o si, y que un chef que es solo artista es una molestia para el negocio”.

Con esas enseñanzas, Takehiro volvió a la Argentina en 2004. Unos años después, tuvo un casting para El Gourmet que le iba a cambiar la vida: “Me dieron 15 minutos para que hiciera lo que quisiera. Yo sabía que ese casting podía cambiar mi vida. Y eso fue lo que pasó”. En El Gourmet, tuvo varios programas propios: Ohno, Desde el jardín, Ohno cotidiano.

Hoy en día, Takehiro se dedica a la consultoría gastronómica en toda América Latina, y es Chef Ejecutivo de Green Eat y Tea Connection, donde está a cargo de más de 300 cocineros. “En mi vida fracasé mucho. Y aún hoy siento que sigo fracasando: todavía no estoy contento con mi trabajo, me falta aprender muchísimo”.

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Tomas Kalika es creador de Mishiguene, un restaurante especializado en comida judía, elegido en el Chef’s Choice Award -por 252 expertos mundiales- como uno de los 50 mejores de América Latina.

La vocación por la cocina, cuenta, empezó cuando él tenía 17 años: “Cantaba en una banda de punk muy mala. Mi familia me mandó a Israel para corregirme, y ahí descubrí mi pasión por la cocina. Fui al restaurante de Eyal Shani, uno de los mejores del mundo, y tenía una ventanita desde donde se podía ver a los cocineros. Iba todos los días a verlos cocinar. Hasta que me animé y le pedí trabajo. Me aceptó como lavacopas”.

Después de eso, Tomás trabajó en Israel, luego en Europa, en cruceros, lideré muchas cocinas y cuando volvió a Argentina en 2005, ya era un chef formado. Su suegro le propuso financiarle un restaurante, que sería The Food Factory: “Iba a ser un local chiquito pero terminó siendo un lugar gigante, de 400 metros”. Al principio el proyecto funcionó, pero de a poco le empezó a ir mal.No entendía por qué de día reventaba y de noche no venía nadie. No escuchaba a la gente que me rodeaba, cuenta Tomás.

Unos años después The Food Factory tuvo que cerrar: “Me equivoqué en el 95% de las decisiones que tomé, y a los tres años cerramos. Teníamos una deuda de casi un millón de dólares, y no era plata mía, sino de mi suegro y de otra gente. Cuando nació mi segundo hijo, perdimos absolutamente todo. Vivíamos de mi suegro y del trabajo de mi esposa”.

Sin embargo, las cosas no iban a quedar así. Cuando vendió el fondo de comercio de The Food Factory, Tomás conoció a la persona que se convertiría en su socio: “hablamos y le conté mi historia. Después empezamos a trabajar juntos. Alguien me dijo que el gran problema que tuve fue que mi restaurante no tenía identidad propia, le faltaba un concepto. Y que yo debería encontrar mi identidad como cocinero. Entonces, con mi socio lanzamos Mishiguene, un lugar de alta cocina judía. Y nos fue muy bien, hace poco abrimos un segundo lugar en Buenos Aires, Mishiguene Fayer”.

Para finalizar, Tomás comenta: “Mi aprendizaje con la experiencia fallida de The Food Factory, y Mishiguene, es que aunque tengas muy buenas ideas, no podés ser bueno absolutamente en todo. Yo era bueno solamente en algunas cosas, y malo en muchas otras”.

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Christophe Krywonis es conocido por haber participado en varios programas de televisión, entre ellos MasterChef, Dueños de la Cocina y Bake Off Argentina.

En su charla contó su experiencia de fracaso en su restaurante, fundado en 2001: “Abrí un restaurante en el peor momento de la Argentina, pero no fracasó por el contexto, sino por un socio francés. Hubo un mes en el que no le pude pasar la pensión de mis hijos a mi ex esposa. No poder hacerme cargo de mi familia me ponía muy mal”.

Los años siguientes fueron de transformación para Christophe: en 2003, según cuenta, sintió que tenía que cambiar su vida completamente, y dos años más tarde, Dolli Irigoyen le insistió para que hiciera su primera prueba de cámara para El Gourmet. A partir de ahí, empezó su carrera televisiva que le permitió hacer algo que siempre quiso: viajar. “Desde chiquito siempre quise viajar mucho: antes de Argentina estuve en el Caribe, en distintos países de Europa. El programa Chefs Unplugged, que tuvo mucho éxito en América Latina, me permitió viajar”.

Luego de unos años fuera de la Argentina, en 2013 Christophe volvió a nuestro país, donde trabajó unos años antes de que empezara el proyecto de MasterChef, que lo haría definitivamente famoso para el público argentino: “La gente me empezó a reconocer en la calle, y Dolli Irigoyen me dijo que no había marcha atrás, que lo que iba a hacer en adelante iba a ser en los medios. Y tenía razón”.

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¡Esperamos que las historias de nuestros tres speakers te hayan inspirado para tus propios proyectos!