Si buscamos innovación en Google vamos a encontrar 146 millones de entradas en español y 1180 millones en inglés. Es uno de los conceptos más repetidos en los últimos años.

Como innovar se convirtió en un objetivo, un propósito y casi en una obligación, la presión para ser innovadores es tan grande que a veces termina en gaseosas de yerba mate o en cascos de realidad aumentada para viajes en taxi. Sin embargo, en medio de esta carrera desesperada por la innovación aparecen frustraciones y excusas como estas:

“Yo no voy a inventar la rueda”
No hacen falta ideas revolucionarias. Proponernos una meta tan ambiciosa se convierte en una valija muy pesada y nos frena. No podemos inventar algo que ya se creó hace miles de años, pero lo que sí podemos hacer es usarlo para solucionar problemas nuevos. Innovar también es mirar lo que ya está hecho y ver cómo se puede recrear de una forma original para mejorarle la vida a alguien. Por ejemplo, la rueda se inventó hace mucho y las valijas en el año 600. Pero la valija con ruedas recién se creó en la segunda mitad del siglo XX. Estuvo ahí por 13 siglos y nadie lo pudo ver.

“Yo quiero trabajar con gente como yo”
Esta excusa es uno de los principales obstáculos en nuestra búsqueda de la innovación. Es muy difícil lograr ideas nuevas de gente que piensa parecido. Si innovamos para otros, mejor pensar con otros y como otros. Para eso funciona muy bien agarrar una valija (si tiene ruedas mejor) y viajar. Conocer otras culturas es la oportunidad para darse cuenta de que algo que dábamos por sentado no tiene que ser necesariamente así, que puede funcionar de otra manera.

“Yo no puedo tomar tanto riesgo”
Es una de las excusas más repetidas entre los que sufren la presión por pegarla pero el miedo a pegársela. Tenemos que vencer la inmovilidad que nos genera el miedo a perder. Ese temor está relacionado con un sesgo de comportamiento muy estudiado que se llama “la aversión a la pérdida” y nos lleva a tomar malas decisiones. Para dar en el blanco tenemos que preguntarnos cuál es el riesgo que estamos dispuestos a tomar, sin perder de vista que no tomar ningún riesgo es la única estrategia que garantiza el fracaso.

“Hay muchas restricciones”
Las restricciones nos obligan a ser creativos, a encontrarle la vuelta a los problemas. Son nuestras aliadas. Trabajar con lo que tenemos nos activa. Las mejores comidas salen de lo que había en la heladera. Luis Federico Leloir hizo felices a millones de personas en todo el mundo cuando inventó la salsa golf con los ingredientes que tenía a mano en el buffet de su club: ketchup y mayonesa.

“¿Para qué innovar si el futuro ya llegó?”
Esta excusa está relacionada con la presión de no llegar tarde a la innovación. Es prima hermana del “ya está todo inventado” y nunca en la historia de la humanidad estuvo más errada. En los próximos años se vienen cambios que ni siquiera logramos imaginar. Estamos viviendo una época de grandes transformaciones y eso abre miles de oportunidades.

Si querés abandonar el club de las excusas, mirá esta charla en la que Gerry Garbulsky nos desafía a seguir innovando. Parece una carga muy pesada pero quizás sea tan sencillo como ponerle rueditas a una valija.