Estamos viviendo una época de cambios acelerados que revolucionan el mundo laboral. La irrupción de robots que realizan tareas que hasta hace muy poco solo podían hacer los humanos genera nuevos desafíos, problemas y preocupaciones. 

Santiago Bilinkis nos explica que no se trata de un fenómeno nuevo y nos cuenta que, por el contrario, el desempleo tecnológico es bastante antiguo.

La farolera no tropezó, se quedó sin laburo

No se necesitan autos autónomos o tecnologías alocadas para reemplazar decenas de empleos humanos. Recordemos la canción de nuestra infancia que decía “la farolera tropezó y en la calle se cayó”. Hasta la década del 30 nuestras ciudades se iluminaban con lámparas de kerosene que necesitaban de faroleros y faroleras que las prendieran cada noche. Pero eso cambió cuando el alumbrado público se volvió eléctrico. La farolera no tropezó, se quedó sin laburo y se tuvo que ir a trabajar de otra cosa.

De las piernas a las manos y de las manos a la cabeza

Si hacemos un repaso histórico del desempleo tecnológico vamos a identificar que en primera instancia las máquinas reemplazaron el trabajo físico en el campo. A fines del siglo XIX, el 80% de la población trabajaba en la producción de alimentos porque la productividad era muy baja. Esto cambió: el 1% de la población produce alimentos suficientes para sí mismos y para el 99% restante. Esto forzó una migración del campo a las fábricas. Dejamos de necesitar la fuerza de nuestras piernas y empezamos a utilizar la destreza de nuestras manos. 

Lo que ocurrió después fue que las máquinas reemplazaron el trabajo repetitivo, rutinario y aburrido y nuevamente tuvimos que migrar. Nos mudamos desde las fábricas hacia las oficinas. En la actualidad solo el 20% de las personas trabaja en manufacturas e industrias. La abrumadora mayoría de los empleos son en el sector servicios. Nuestra ventaja competitiva pasó de las piernas a las manos y de las manos a la cabeza. No hay que tenerle miedo a estos cambios. Cada una de estas migraciones -incluso con fricciones en lo individual- a nivel colectivo fue una mejora de las condiciones laborales de todo el mundo.

¿Y ahora qué?

En la actualidad nos enfrentamos a un fenómeno completamente nuevo. Al mirar series históricas nos encontramos con que la correlación entre PBI y tasa de desempleo siempre fue negativa y altísima. Cuando subía el producto caía el desempleo, cuando bajaba el producto el desempleo subía. Sin embargo hay gente que cree que eso cambió. ¿Qué pasó? Las computadoras empezaron a hacer trabajos cognitivos. Nos están reemplazando en tareas más sofisticadas y complejas que pensábamos que nunca iban a poder realizar. 

Es posible que, por más voluntad que pongamos, en el futuro cercano no haya trabajo para todo el mundo. Según Andrew McAfee del MIT, la crisis de 2008 quizás sea la primera muestra de que se rompió, o al menos desacopló, la correlación entre PBI y tasa de desempleo. Luego de la crisis la economía tuvo que crecer mucho para alcanzar el mismo nivel de empleo. 

Ante cambios profundos, ideas locas

  • Trabajar menos: discutir si es momento de reducir la semana laboral a 30h. Esta propuesta llegó a artículos de los principales medios del mundo como The Telegraph o The New York Times. Probablemente un escenario que permitiría que todos tengamos trabajo sea que todos trabajemos un poquito menos y repartamos mejor el poco trabajo que queda para los humanos.
  • Redefinir nuestra identidad: cuando nos preguntan quiénes somos, solemos responder con nuestro nombre e inmediatamente después contamos de qué trabajamos. Eso pasa porque hoy en día somos lo que hacemos. En un mundo en el que probablemente haya menos trabajo tenemos que repensar la frase “el trabajo dignifica”. Si no hay trabajo para los humanos, hay que convertir el no trabajar en algo digno. Si no, vamos a privar a mucha gente de la dignidad.
  • No trabajar: ¿Qué pasa si dejamos de trabajar? El verdadero desacople que estamos viendo es el acople que siempre existió entre trabajo e ingreso. Hay varios países que están discutiendo una asignación universal, una suma fija por el mero hecho de existir. Esto no lo propone Marx, se está discutiendo en Suiza.

Ante un escenario de incertidumbre, Santiago Bilinkis nos ayuda a pensar el mundo que viene y sus consecuencias en el mercado de trabajo. No te pierdas la charla completa haciendo click aquí