La Argentina es un país que no da respiro. La votación del aborto, la inflación, los casos de corrupción que se expandan cada vez más y muchas cosas más nos sorprenden a diario. Menos a Rodrigo Figueroa Reyes, que a través de una particular historia describe nuestra realidad en Infobae.

«Me encanta este país. Yo sé que ustedes lo viven como un drama, pero acá lo paso bárbaro. Todos los días una bomba diferente. El lunes explotaron los cuadernos Gloria y se desata un escándalo de corrupción sin precedentes, el martes fue preso por primera vez en la historia un ex Vicepresidente, el miércoles hubo 2 millones de personas en la calle bajo la lluvia vestidas de celeste y verde esperando que 72 senadores hablen durante 12 horas para terminar votando la nada misma, el jueves bajó las escalinatas del Maipo el ex juez Oyarbide y si el viernes a alguna de las agrupaciones sociales se le ocurre prender neumáticos en la 9 de Julio, colapsa la ciudad. Me encanta este país. El que se aburre es porque quiere», nos cuenta John Fitzgerald Asad, un ex combatiente en Irak y Afganistán, de padre estadounidense y madre argentina nacida en Formosa, de origen musulmán.

Tomamos nota de cada cosa que dice este ex combatiente, experto en crisis, que son las que sobran en este país. «Lo maravilloso de la Argentina es la cantidad y variedad de bombas que explotan a diario. Cuando no es el dólar pisando los 30, es el desfile de empresarios y funcionarios de la gestión anterior que, bajo esta extraña figura del arrepentido, son capaces de mandar al frente a la madre con tal de no dormir una noche en Ezeiza. En paralelo lo tenemos a Boudou tocando el pianito por el caso Ciccone. Si no, los diez años de prisión para Julio De Vido en la causa por la tragedia de Once. A la par, el riesgo país aumenta un 50% en lo que va del año. O a la UCA tirando kerosene al fuego al asegurar que como consecuencia de la crisis cambiaria y la inflación, este año vamos a terminar con un millón 500 mil pobres más». JFA pide un vaso de agua, toma tres sorbos, respira profundo y continúa con el relato.

Para terminar, queremos irnos con una nota de color. Nos intriga saber acerca de su parentesco con el «Turco» Asad, aquel temible delantero del Vélez Sarsfield que ganó todo en la década del ’90 con Carlos Bianchi como técnico. «Efectivamente, el turco es primo segundo mío. Cuando Vélez ganó la Copa Intercontinental en Japón, éramos cuatro soldados alrededor de una TV de 13 pulgadas mirando el partido. Después de la media vuelta casi en la línea de fondo del turquito que selló el 2-0 frente al Milan, nos abrazamos todos. Uno de los últimos momentos de felicidad plena que tuve, ya que días después entramos en la Guerra de Chechenia«. Se pone melancólico, pero vuelve en sí y sonríe nuevamente. «Tuve una vida sufrida. Lo único que conozco es estar en el frente, combatiendo. Por eso vine a retirarme a este país, donde el olor a napalm se extraña menos». Dicen que las crisis traen oportunidades. Tal vez éste sea el momento en que deba explotar todo para comenzar de nuevo. Sería histórico…”.

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