En un contexto de transformación permanente, tenemos el desafío de probar nuevas recetas e ideas para poder adaptarnos. Santiago Bilinkis nos propone algunos tips para conseguir el objetivo:

Tener coraje
Es un proceso difícil, pero hay que tener la valentía de matar nuestro propio modelo de negocio, porque si no lo hacemos nosotros alguien más lo va a hacer.
Argentina es un país fuertemente agrícola-ganadero. Sin embargo, en no mucho tiempo la carne se va a poder fabricar en un biorreactor. Es decir que si uno cultiva tejido muscular vacuno en una de estas máquinas, obtiene un bife de chorizo. No es ciencia ficción, la hamburguesa hecha de carne que no fue de un animal completo ya se cocinó y comió en público en Londres. Si los ganaderos y frigoríficos argentinos no incorporan este sistema, en poco tiempo se quedarán afuera del negocio de la carne.

Experimentar
Ante el surgimiento y adopción de tecnologías disruptivas y nuevos modelos de negocio, lo más probable es que nos enfrentemos a situaciones en las que no sabemos qué es lo que va a funcionar. Atrevernos a testear cosas es mejor que conjeturar seis meses en salas de reuniones. Jugar y probar nos va a dar mayores posibilidades de adaptación.
La resistencia al cambio no es un defecto, es parte inseparable de lo que somos. Por eso es fundamental que trabajemos para aprender, reaprender e incorporar nuevas habilidades y conocimientos.

Empatizar
Es posible que en 20 o 30 años vayamos a un mundo donde una alta proporción de la gente no tenga trabajo. Que ese escenario sea una situación apocalíptica o maravillosa depende de nosotros y del grado de empatía que tengamos.
En las Polis griegas, el ideal de sus ciudadanos era el ocio. La alternativa era el negocio, la negación del ocio. Lejos de frases como “el trabajo dignifica”, para los griegos el que tenía que laburar era el gil.
Hay un ensayo de John Maynard Keynes de 1930, en plena crisis, en el que se puso a pensar cómo sería el mundo 100 años después. Mientras todo se hacía pedazos, este economista pensó en 2030 y enunció tres grandes cambios: las máquinas iban a hacer prácticamente todas las tareas y los humanos no íbamos a tener que trabajar; el nivel de desigualdad del mundo iba a ser muy bajo; y el lujo sería censurado y considerado obsceno.

Hasta el momento Keynes acertó uno de sus tres postulados. Está en nuestras manos terminar de materializar sus visiones. Tenemos la oportunidad de que este fenómeno de transformaciones aceleradas, que a priori se siente como apocalíptico, pueda ser la llave para que todo el mundo viva mucho mejor.

Santiago Bilinkis nos ayuda a pensar algunas claves para enfrentar el mundo que viene. No te pierdas la charla completa haciendo click aquí